
El futuro es una hoja en blanco.
Tu hoja será de papel grueso o fino y satinado. Tendrás para escribir un lápiz del Ikea, o quizás una pluma de marfil con punta de plata. La luz será la adecuada o no verás un pimiento. Las condiciones son las que son. Pero, el contenido…
Hay quien no quiere escribir. Quieren que escriban por ellos. Bueno, en realidad todos lo hacemos de vez en cuando, o casi todos, que los superhérores no abundan. Es fácil dejar que tu vida se escriba sola, o, más exactamente, que la escriban los demás. Los demás y tus propias creencias sobre lo que crees que tienes que hacer. Que tienes que hacer porque es lo que se espera. O porque no te atreves a hacerlo de otro modo. Es fácil engañarse, pensar que estamos escribiendo nuestra vida, cuando en realidad no somos nosotros los que estamos escribiendo, puesto que tenemos la muñeca presa por el miedo y el sentido del ridículo.
Hay quien quiere escribir, pero nunca acaba de encontrar el papel adecuado, o el color de tinta ideal. Algunos nos pasamos la vida haciendo pruebas de cómo será el resultado final, pero no empezamos de verdad nunca, porque las apariencias nos pueden, el qué pensarán nos pesa, la pereza se nos mete en los bolsillos y nos lastra la cabeza.
Algunos sí que escriben, y de corrido. Algunos no temen lo que opinarán los demás sobre lo que están redactando. Algunos, los menos, lo tienen claro, saben cual es su historia, y se dedican a desarrollarla, paso a paso, y suelen terminar con una buena novela entre las manos.
El futuro.
El futuro eres tú mismo proyectado en el tiempo hacia adelante. Eres cómo estarás (o más exactamente cómo te piensas que estarás) en un momento aún no vivido.
¿Y el pasado?
El pasado es una situación en la que tú estabas presente. Es un recuerdo de algo que has vivido, de tí mismo en otro momento.
Lo común es la conciencia del yo. El yo que se recuerda o se imagina a sí mismo. El tiempo es la comparación entre tu yo actual y tu yo pasado o futuro. Si eliminas el yo, desaparece el tiempo lineal. Sólo te queda el presente. Y escribir en la hoja de tu presente lo mejor que sepas, y disfrutar mientras lo haces, es la mejor medicina para el remordimiento y la preocupación.
Escribe en tu hoja en blanco. Escribe cada nuevo día una nueva página, y no pienses en lo mal que escribiste ayer, ni te preocupes de si lo que escribes hoy estará a la altura de lo que esperas de tí mismo mañana. Simplemente escribe, escribe, escribe. Intenta la pirueta en cada frase. La puntuación adecuada según tu estado de ánimo. La metáfora juguetona detrás de cada expresión. Diviértete. Y divierte a los demás. Si los que lean tu página diaria pueden pensar “se lo está pasando bien”, es que estás en el buen camino. Si, por el contrario, pasan página porque ésta ya la han visto, quizá tengas que renovar vocabulario, o mudar tu estilo, o romper esa hoja porque ya no tiene arreglo, y comenzar mañana otra vez, de otra manera, pensar antes de volver a hacer lo mismo, sentir la punta del lápiz deslizar por la superficie inmaculada.
El futuro es una hoja en blanco. El presente eres tú escribiendo ese futuro. Escríbelo. Tu futuro. Ahora.
Dicen que…