La burbuja

11 02 2009

burbuja

Todos los días me digo lo mismo. Mañana lo dejo. Ya está bien de pasarlo mal todos los días. Ya está bien de machacarme, de nervios, de este estado crónico contínuo. Mañana dejo de castigarme, mañana.

Pero… al dia siguiente mis mismos miedos asoman de nuevo su fea narizota por la cabeza. Empiezas el día como todos, con prisas, con el reloj pegado al culo. Y claro, llegas al curro con prisas. Y ese estado parece que se convierte en el habitual: todo es urgente, todo es muy importante. Yo no se si la gente que trabaja en las oficinas se da cuenta de que casi todo lo que hay que hacer es importante. Importante para alguien, que puede ser tu jef@ porque su jef@ se lo está pidiendo para ayer o porque es así de nervios@, o el/la compañer@ que le corre prisa porque le están metiendo prisa (su jef@ seguramente). Y esto no te exime a tí, en absoluto. Tú estás metiendo prisa a los demás porque tu jef@ te lo pide. Y estás dentro del círculo, como todos los demás, el ejército de toda compañía moderna: el de arriba dice lo que tiene que hacer al de abajo, y así sucesivamente hasta llegar a quien no tiene nadie debajo (qué responsabilidad, la virgen). Te puedes pensar que lo tuyo es más urgente que lo de los demás. Mentira. Todo es urgente. Todo es para ayer. Te surgen tantas cosas que hacer que vas acumulando la lista de tareas, y al final sólo salen del todo las que son más urgentes. ¿Qué define el nivel de urgencia? Simplificando, lo que diga tu jef@. Y para él/ella es lo mismo. La cadena de mando, la maquinaria fundamental de cualquier empresa (con ánimo de lucro, se entiende).

La religión del mercado se instala más y más en nuestros corazones. Hay que consumir, y eso implica que hay que producir, ser productivos, lo máximo que podamos, para poder generar los beneficios necesarios que se necesitan para seguir consumiendo. Y si no se consume, se acabó el tinglado. Vivimos en un modo de vida que consiste, económicamente hablando, en producir lo máximo que podamos (en la forma de la plusvalía, incremento de productividad, ahorro de costes e ingresos adicionales) y en consumir lo necesario para que tengamos que seguir enganchados en la noria. En la noria donde los que empujan son personas, no mulas de carga. En la noria que se parará si la gente deja de consumir, y por tanto, de tener que producir, tanto, tanto y tanto. Día tras día. Todos los días. Toda la vida!

¿… toda la vida? A lo mejor he hablado muy rápido. Si hay crisis, la gente consume menos. Si se consume menos, no hará falta producir tanto. Si no hace falta producir tanto, a lo mejor vivimos un poco más tranquilos (después de que toquemos fondo). Si vivimos un poco más tranquilos, a lo mejor somos un poco más felices.

Sí, parece muy simple. Bueno, ni tanto ni tan poco.

Feliz crisis.


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Un comentario

21 02 2009
Victor

A veces me pregunto que pasaría si todos los relojes del mundo se parasen, y nos tuvieramos que guiar de otra manera. Imagino que sería un desastre.

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