Imagina que no hay Cielo, ni Infierno.
Imagina que no hay recompensa por tus buenas acciones, ni castigo por las malas, que sólo recibirás lo que des, que solo recogerás lo que siembres.
Imagina que eres libre, que la culpa no te pesa en la conciencia, que han volado todos tus prejuicios, que no temes lo desconocido, que confías en todos, y en todo.
Imagina que no tenemos que vivir en el pasado, doliéndonos por lo que sucedió, añorando placeres acabados, o arrepintiéndonos de lo no hecho.
Imagina que no te preocupa el futuro, que los problemas no te quitan el sueño, que no te agobian los desastres de un será imaginario.
Imagina que vives en el ahora, en este instante, en este segundo, en todos los segundos.
Imagina que no hay patria, ni enemigo, ni raza inferior o superior.
Imagina que la competencia no existe, que no hay que matarse por las cosas, que todo fluye y es fácil porque las personas dejan de ofrecer resistencia ante la vida.
Imagina a la gente tranquila, viviendo despacio, disfrutando despacio.
Imagina que no hay envidia, que no hay celos, que nadie es más que nadie, que nos damos cuenta de que el dolor que hacemos a otros nos lo hacemos a nosotros mismos, y que el dolor que nos hacemos lo hacemos a los otros.
Imagina que despertamos, que descubrimos que todo está conectado.
Imagina que vivimos sin miedo.
Imagina.
(gracias, John)

Dicen que…