Buenas noches, mi amor

16 11 2008

vg1

El niño no tenía miedo. Sabía que todo era mentira, que toda esa locura que reinaba en su casa era teatro, una cosa que sus padres hacían para distraerse, como el que se distrae cambiando el canal de la televisión.

Su padre volvía todas las noches tarde, cuando él ya estaba acostado. Y todas las noches oía a su madre llorar en la cocina mientras esperaba que llegara, después de lavar los platos, rogando entre sollozos que hoy no volviera borracho, que se hubiera estrellado en un accidente y se hubiera matado, para así descansar él y dejar descansar a los que vivían con él.

Todas las noches, al llegar, su padre se acercaba, dado tumbos, hasta su habitación. Entraba pesadamente y le daba un beso en la mejilla, y le acariciaba el pelo.

Después iba a la cocina, y le intentaba dar un beso a su madre. Pero su madre ya no podía más, y cuando se le acercaba tiraba los brazos hacia adelante como dos látigos, mientras comenzaba a gritar. Borracho, siempre borracho. No te vemos apenas, y cuando te vemos estás borracho. ¿Qué he hecho mal? ¿Porqué nos haces esto?

Su padre, como siempre, callaba. Se quitaba los zapatos y los calcetines en la cocina, el pantalón y la camisa en el pasillo, y se acostaba, hediendo. Su madre iba tras de él, recogiendo la ropa tirada, mientras se sorbía las lágrimas.

Su padre se dormía enseguida, su madre volvía a la cocina, abría la alacena y sacaba el vino, y bebía, hasta que se le pasaba la pena, dejaba de llorar y empezaba a reirse bajito, como si estuviera loca, hasta que se le acababa el vino. Entonces se levantaba, dando tumbos, se acercaba a la habitación del niño, y, mientras él seguía fingiendo que dormía, le daba un beso, y le acariciaba el pelo. Buenas noches, mi amor, que descanses.

Después se arrastraba hasta la habitación, y se tumbaba junto a su marido, inconsciente desde el momento en que se dejó caer en la cama.

El niño entonces abría los ojos en la oscuridad, y, mientras las lágrimas se deslizaban por su carita, sonreía, porque sabía que todo era un juego, que algún día se acabaría, como se acaban todos los juegos, y ese día su padre volvería antes del trabajo, y jugarían y reirían juntos, y su padre le leería un cuento antes de dormir, mientras su madre sonreiría al oirles, mientras hacía la cena.


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