rEVOLution is now

27 06 2011

¿Has oido  hablar de la rEVOLución? ¿No? Te cuento.

Mañana cada uno se levantará como siempre. Los ocupados con prisas por todo lo que hay que hacer. Los desesperados con resignación por que no se puede hacer otra cosa. Los ilusionados con esa vitalidad que da el saber lo que quieres. Todos, en fín, con su carácter, su mochila y sus consecuencias.

Mañana de nuevo cada uno a su quehacer, a su ocupación, tan importante o tan menuda como cada uno crea.

Pero mañana, cada uno de nosotros, intentará hacer feliz al menos a tres “entidades”: a uno mismo (el modo de funcionamiento básico), a otra persona (extendido) y a todos los demás seres (experto).

Mañana cada uno seguirá en su juego partircular, pero, mañana, aunque sea Lunes (I don`t like Mondays), cada uno de los habitantes conscientes del planeta intentará hacer feliz  a otro ser humano, y por extensión, intentará hacer feliz  a todos los seres vivos con los que nos encontremos.

La vida es la expresión de la consciencia en la materia. Es la materia llevada a una complejidad tal que no puede si no entrelazarse y entretejerse con el mundo. ¿Te parece que estás aislado? ¿Sólo? ¿No ves las mil interferencias que tienes cada día con el mundo? ¿No ves las consecuencias de tus mil acciones y de tus mil no-acciones de cada día? ¿No ves las mil, diez mil ondas que deja tu comportamiento en el entretejido de todas las vidas de todos con los que te relacionas, aunque sea en un atasco de tráfico?

¿Te crees pequeño, sustituible? ¿Te crees grande, irreemplazable? ¿Sabes cómo medir tu importancia Real? ¿A cuantas personas haces feliz? ¿Eres como Atila, que no crecía la hierba a su paso? ¿O eres como el infinito potencial que tiene tu Ser? ¿No hay límites?

No hay límites. Creételo. Ve más allá de lo que te dicen que vayas. Se extraordinario. Se especial. Se ecuánime y amable. Despierta la  sabiduría que está más allá de lo que puedes razonar. Se especial. Trata a los demás tan bien como te gustaría que te trataran a tí.

No se si te habrás dado ya cuenta. Estamos todos conectados. El portero, el bestia parda que se salta el stop, tu jefe, tu novia, tus hijos, tus padres, tu profesor de autoescuela, el desconocido de la camiseta azul con el que te cruzas en el metro. Todos. No es una encuesta. Es un hecho. Actúa mal, y el mal reverberará como un eco infinito entre las paredes de tu mente. Actúa bien, y notarás que eres un poco más ligero, un poco más sabio, un poco más fuerte. Respeta la vida en todas las formas que seas capaz de imaginar,  y te estarás respetando a tí mismo. No la respetes, te estarás hiriendo a tí mismo.

Mañana cada uno a lo suyo. Pero pregúntante, ¿qué es lo tuyo? ¿Acaso no estás entrelazado en cada una de las cosas que te importan con otros seres? Entonces, ¿es lo tuyo lo de todos? ¿Eres tú o somos Todo?

rEVOLution is now.

El Amor es lo que mueve el mundo. El Amor cambiará tu vida, y la vida de Todo y todos los que te rodean. ¡Atrévete!





El Avatar de tí mismo

23 01 2011

Nunca sabes dónde comienza. Está allí de repente, sin más. Se presenta, te dice buenos días, o buenas tardes, o  buenas noches (nunca sabes cuándo va a aparecer), y se queda. No te pide permiso, no espera que estés en el mejor de los momentos (de tu escala personal, claro, tu mejor momento, y el único sobre el que tienes, relativamente, control, es el momento presente). Se presenta, hola, soy tu yo más auténtico, y se queda.

Construye una especie de sillón en tu mente, construido de dudas que no son si no engaños, y de ladrillos de qué sería sí, y se acomoda. De repente y sin previo aviso, tu yo más sincero, el origen de todos los demás, se presenta, para quedarse, para acompañarte, para hacerte más agradable, o a ratos más desagradable, así es la vida, el camino.

Tu yo de verdad se presenta sin previo aviso, y decide que ya es suficiente, que llevas un montón de años de excusas y de qué hubiera  sido si. Tu yo de verdad se presenta, y se convierte en tu manager, en tu gerente, en una presencia que te da realidad, que diferencia entre lo que representas y lo que de verdad eres. Tu yo de verdad está harto de ser disimulado, y decide por su cuenta que ha llegado el momento. Que ya no puede más. Que es el momento de dejar de sentirte víctima, y empezar a sentirte bien. Empezar a darte cuenta de tus defectos, y de tus virtudes. Empezar a ser sincero contigo mismo. Empezar a dejar de escurrir el bulto. Ha llegado el momento. No hay otro. Es este. En este momento decides darte realidad. En este momento empiezas a ser tú de verdad, en todos tus ámbitos, en todas tus relaciones. Empiezas a ser tú, lo de antes es otra cosa, es lo que los demás esperaban. Es lo que eras hasta hace poco.

Pero, ¿sabes? Sólo tienes una vida. Al menos, una vida de la que te acuerdes. Quizás pasemos a ser parte de otra consciencia, como la energía que somos. Pero quizás no tengas recuerdo en esa futura consciencia de tu yo actual. Y en tal caso, ¿de qué sirve preocuparse por tu vida? ¿Tienes algo por lo que no arriesgar? ¿Tienes algo tan importante que merezca que tu vida no sea lo máximo que pudo llegar a ser en cada momento? ¿Cómo dices? ¿Lo que dirán o pensarán los demás? ¿Lo que las ideas de los demás hagan en lo que puedas llegar a ser?

¿De verdad piensas que tienes límites? ¿De verdad te ves incapaz y temeroso? Eres una fuerza natural, eres una energía, eres una manera de ver y sentir la vida. Haz que tu vida sea plena, acepta las consecuencias, vive con el corazón, hazte fuerte en tí mismo, y disfruta las cosas que te llegan. Disfruta lo bueno y lo malo. Lo bueno para saborearlo, lo malo para aprender, y haz de tu vida una serie indefinida de experiencias nuevas, cada día es único y lo que vives cada día es único. No lo  volverás a vivir. Cada momento de tu vida es único. No lo midas por si es importante o no. És único, irrepetible. Y cada momento merece ser vivido con toda intensidad.

Te lo debes. Te lo mereces. Disfruta de cada momento, de cada momento presente. Aíslate de tus ficticias preocupaciones, centra tu atención en lo que puedes hacer en cada momento. Sólo tienes este momento, lo que decidas hacer con él. Y el tiempo hará el resto. Si te centras en este momento, si te esfuerzas en cadas segundo en disfrutar, dar lo mejor de tí mismo, sentir el descanso, sentir el esfuerzo, sentir el cariño y el respeto. Si te centras en este momento estarás avanzando. Si te centras en momentos pasados o futuros estarás fuera del tiempo real, estarás fuera de tí mismo. Estarás, pero no estarás. ¿Qué decides? ¿Estar o no estar, aquí y ahora? ¿Ser o no ser?

¿Sentirte en cada momento, o simular que sientes? ¿Preocuparte en cada momento por las imaginarias consecuencias de tus actos o ser de verdad, valiente y auténtico?

¿Ser tú de verdad o ser lo que los demás esperan de ti? ¿Esforzarte al máximo en todo lo que eres, en todo lo que haces? ¿O seguir en la mediocridad de lo que se espera de nosotros, o eso nos hemos creido, todos lo días?

Se. Vive. Cobra sentido. Hazte notar. Arriesga, y ganarás. Ve a lo seguro, y seguirás en lo de siempre. En lo conocido, en lo cómodo, en lo seguro, en lo aburrido. Innova, y te harás más, te harás mejor. Tu yo mejor, tu Ser lleno de sentido. Tu Ser, nada menos. Tu Ser.





Eire

15 12 2010

Eire era una abstracción. Era un estado ideal en el que estar, una condición tranquila en la que subsistir. Eire era una hija futura, una idea sin concebir, un plan perfecto. Durante años, Eire estuvo ahí, esperando su materialización, esperando su expresión física, en forma de hijo, de hija, de canción, de árbol, de novela. Y un día Eire decidió salir del huevo, hacerse pública.

Ese día Eire se formó a si misma. Cobró entidad, del suspenso de un pensamiento, de un potencial, pasó a ser una idea consistente. Una idea que superó el umbral de la posibilidad y se concretó en algo que estaba entrelazado con la voluntad.

Eire se empezó a expresar, al principio sin mucha forma. Pero poco a poco fue ganando confianza, voluntad, sentimiento de ser. Y se empezó a apropiar del huesped. Empezó a tomar consciencia de sí misma, dejó de ser algo en lo que caer, algo que entrara en el darse cuenta, para ser el darse cuenta, para ser el constatar que las ideas nos determinan, nos condicionan, nos atrapan, y, sobre todo, nos hacen infelices.

Eire comenzó a darse cuenta, a aceptar lo que venía sin queja, a darse cuenta de que no somos el personaje que empezamos a construir  cuando teníamos 3 ó 4 años. Eire tomó consciencia del regente, del personaje que había tomado al asalto nuestro ser. Eire empezó a ser libre. A dejar de mentirse. Aprendió a ser dura consigo misma, a dejar de justificarse por las posturas condicionadas que adoptaba. Empezó a ser real, a ser expresada, pasó de ser algo conceptual a algo más combativo, no se si más real o más reindicativo, pero más expresado en la realidad, en las palabras pronunciadas y en las consecuencias aceptadas. Eire comenzó a ser el ser real del huesped en que habitaba.

No era fácil. No era agradable. Pero era el precio. Eire es un evolución de su huesped. Eire es algo más allá, algo duro de aceptar pero real. Real. ¿Real según quien? ¿Real según Eire o según el alter ego de los demás? Ese alter ego a veces tan oculto, a veces tan disfrazado de postura, algo tan falto de darse cuenta que ya no era Eire. Era el regente. Era lo de siempre, el personaje que representamos.

Eire es críptica. Es complicada y no es obvia. Pero es que es el único camino. Hay un camino de lo que es verdad, y otro camino de lo que no lo es. Y cada uno, en sí mismo, lo intuye, y lo acepta o no, libre y legítimamente. Más allá de nuestros condicionamientos o nuestro parecer estar. Hay algo más allá, pero es decisión de cada uno el poder aceptarlo o no.  Y tan respetable es darse permiso para ello como si no.

Sed sinceros con vosotros mismos. Lo único que podéis ser. No se puede pedir más, y no se puede pedir menos. Pues cada uno está en su punto, en su estado, y es un trabajo que nadie más puede realizar. Tú sabes lo que es real. Tú sabes lo que no. Decide si deseas prestar realidad a tu Eire particular. Decide si quieres ser coherente.

Si lo necesitas, claro.





Café

10 06 2010

La mirada atravesó el cristal. Se clavó en la espalda del camionero, luego siguió su recorrido, hacia las piernas de la camarera, y de ahí a la máquina de discos.

El cuerpo atravesó el umbral. Se encontró en semipenumbra, acalorada. Sonaba un oldie americano de los sesenta, un poco casposo, en la máquina de discos. El camionero se volvió. Tenía cara de pocos amigos y una colilla en los labios. Daba un poco de miedo, era como un malo de novela, un camionero loco secuestrador. La camarera no se volvió. Debía estar más que harta de clientes, por la hora que era. Más de las dos de la noche. La mirada corroboró la primera impresión, las piernas de la camarera eran esculpidas en mármol blanco. Pelirroja. Esas son las peores.

El cuerpo se sentó en una mesa libre. La mente empezó a fantasear con la camarera. La voz pidió un café. La camarera se acercó, alimentando con su andar las fantasías de la mente. Dejó una taza de porcelana blanca y lisa en la mesa y sirvió café. El café olía bien. La mente recordó otro café, en otro bar, en otro tiempo, en otra compañía. Recordó al genio de gafas, la chica de rizos, el humo del cigarrillo que entonces fumaba. El alma se agitó, convulsionada de repente por un sentimiento de nostalgia.

Las manos llevaron el café a la boca. Sabía bien. La mente se dejó deslizar entre la música casposa, la mirada desconfiada del camionero, la indiferencia de la camarera. Deseó no haber dejado de fumar. Dios, el cigarrillo con el café reciente era lo mejor del mundo. El café solo no estaba mal, pero no era lo mismo. El humo del cigarrillo te hacía sentir etéreo, fuera del mundo, brevemente ausente de lo material. El rito. Eso era lo que te aportaba el cigarillo. Por lo demás, una porquería.

El cuerpo se acomodó en el asiento, para hacer placentero el recorrido de la mente. El café bajó por la garganta, y llegó al estómago. Y de ahí, en poco, al cerebro. El cerebro se despertó, se  agudizaron los sentidos. El pensamiento se hizo incisivo y vital.

En ese sentimiento de vitalidad le  sorprendió el descubrimiento. De manera extraña, el cuerpo pareció confluir con la emoción. El cuerpo empezó a sentir los pensamientos. Hizo la emoción asociada suya, se dejó llevar. La mente se unió al canto repentinamente, cuerpo, emoción, mente. Todo vibró en consonancia.

Durante un segundo, le pareció estar fuera de la realidad. Fuera del oldie casposo, fuera de la mirada turbia del camionero, fuera de las ensoñaciones. Le pareció estar fuera de la realidad pero en realidad más en ella. De alguna forma sorprendente, se integró con lo que le rodeaba. La mente dejó de ser mente para ser café. El cuerpo dejó de serlo para ser emoción,  y la emoción le arrastró en un torbellino vertiginoso hacia arriba, en espiral, hacia arriba. Sintió todo en un instante. Se mareó, volvió a ser cuerpo, mente, emoción, separados y en eterna disputa. Volvió a lo de siempre.

Vaya, buen café. Volvería.





El escondite

6 06 2010

María encontró un lugar. Un lugar en el que esconderse. Cuando se aburría de la gente, o no se aguantaba a sí misma, se iba al escondite. Cuando necesitaba un respiro, cuando la presión y la información eran excesivas, buscaba su escondite. Estaba segura de que algunos dirían que era cobarde, que no había que esconderse, pero María pensaba que el que no se escondía nunca se volvía loco.

Se volvía loco y se acostumbraba a estar siempre expuesto. A estar medio exasperado con el mundo, medio agobiado por las cosas, y un poco histérico de vez en cuando, pero se sentía orgulloso porque resistía, igual que las montañas aguantan las tempestades. Pero amigo, pensaba María, las montañas sólo son fuertes porque lo son. Los seres conscientes (algunos humanos y otros está por demostrarse) necesitan la escapada. Son volubles. Son emocionales, son frágiles. Pero en este sistema en el que estamos inmersos se necesitan seres fuertes, que aguanten el chaparrón, la presión. Se fuerte y serás feliz. Se fuerte y te comerás el mundo. O el mundo se te comerá como te descuides. El mundo se te subirá a la cabeza, el mundo y sus múltiples e importantes valores, el mundo y sus muchos imaginarios triunfos. Se te subirá el mundo a la cabeza, y entonces estarás perdido, porque sólo existirá mundo en tu cabeza, y el mundo será el rasero por el que midas todas tus victorias y derrotas.

María ya estuvo loca. Ya pasó por eso. Ya pasó por las victorias imaginarias, el sentirse importante por una tontería. Pero la vida era cruel (o eso nos creemos), y era difícil vencer. Así que te queda el seguir luchando sin fin, algunas veces la vida te da lo que esperas, otras (muchas) no. Te queda seguir luchando hasta la extenuación o caer en la cuenta. Y ella cayó en la cuenta.

Locos. Todos. Un mundo lleno de vida consciente, lleno del universo que se mira a sí mismo, pero no se da cuenta. Lleno del universo que se mira a sí mismo, pero se complica, se involucra, se enreda en mil cosas accesorias, se enreda en supuestos logros y en la importancia de tu supuesta individualidad. Lleno del universo que se mira a sí mismo pero que se ha quedado ciego. Ya no se ve, sólo ve el reflejo de lo que es, deformado, y no se da cuenta de que ese reflejo no es real. Algo existe tras ese reflejo, pero lo hemos olvidado. Somos el universo que se mira a sí mismo. Somos la consciencia que está más allá de ese mundo que nos habita la cabeza. ¿Cómo es que no lo vemos, entendemos, sentimos?

Ella ya pasó por eso. Lo ha probado. Ha notado sus efectos. Ha notado que la preocupación te aisla del mundo real. Ha notado que toda la basura mental te confunde y te hace parecer un día poderoso y seguro, otro día débil y tímido, otro desquiciado. Nubes. Nubes pasando por el cielo. Algunos días son nubarrones (la mayoría para la mayoría de la gente), otros días hay pocas y el sol puede empezar a lucir. Y María había descubierto que, en su escondite, las nubes desaparecían. El mundo desaparecía de su cabeza. El mundo la dejaba tranquila, y ese rato en su escondite podía estar sin el mundo. Podía estar consigo misma, pero con la real, con la María real, no con la circunstancia que se desprendía de su paso por el mundo.

Estás en el mundo, pero no dejes que el mundo se te suba a la cabeza. No dejes que el mundo te confunda y te marque lo que eres y lo que no eres, lo que te hace feliz o infeliz. Estás más allá de eso, tu ser verdadero está más allá de eso, pero no lo sabes. Escapa. Sal un rato del mundo. Deja al mundo un rato fuera de tu cabeza. Búscate un escondite. Hay muchos, sólo hay que buscarlo. Hay uno dentro de cada uno. ¿Encontraste el tuyo? María si.





Matrix (II)

24 05 2010

Algunas veces miras el pasado. La mayoría no lo haces, miras el presente modificado, cómo te gustaría que fuese. Curiosamente rara vez coincide con lo que es tu presente, así somos de estúpidos. A veces miras el futuro. Algunos sueñan con la máquina del tiempo. Algunos no se dan cuenta de que la tenemos sobre los hombros. La máquina del tiempo de nuestra historia temporal, esa historia tan conocida pero tan importante, ya que es la única que tenemos, nuestra historia temporal.

Algunas veces miras el futuro, raramente como será (somos unos pésimos adivinos), si no como te gustaría que fuese. Algunas veces somos felices en nuestra visión de nuestra realidad mental, los que hacen un hábito de esto se llaman optimistas. Los que generalmente son infelices se llaman pesimistas. Sorprendemente, la felicidad es un punto de vista.

Algunas  veces no sabes donde mirar. Tu cabeza te proyecta algo, pero sabes que es sólo su interpretación. Subjetividad. Parcialidad.

Algunas veces te cansas de repetirte.  Y entonces varías.

Te sorprendes de la cantidad de lenguaje emocional que hay en nuestro pensamiento. Te sorprendes de lo terriblemente emocionales que somos, te sorprendes. Te sorprendes de lo que duele ser humano, parecer humano. Te sorprendes.

Y te das cuenta de que esa sorpresa es local, completamente personal. Nadie habla de lo que le cuesta ser  humano, parecer social. Nadie habla de lo difícil que resulta aparentar normalidad. Y como nadie habla de ello, concluyes que sólo te pasa a tí. Y te pones paranoico. Hasta que caes en la cuenta de que le pasa a todo el mundo. Bueno, a casi todo el mundo. Cuesta ser humano, parecer humano. Cuesta aparentar normalidad, cuesta parecer normal.

Parecer, porque es lo que se demanda. Parecer, porque (casi) todos necesitamos encajar. Parecer, porque (casi) todos estamos locos. No lo sabemos, los locos no suelen darse cuenta de que lo están. Pero lo estamos.

¿Sueñas con una gran vida? ¿Sueñas con gran excitación? ¿Sueñas con gran dinero, sueñas con grandes éxitos? ¿Sueñas?

Bienvenido a lo real. Lo que ves, y no lo que piensas, es lo real. No hay interpretación personal, no hay conjeturas en la cabeza de nadie. Sí, claro que las hay, pero, ¿son reales? ¿No será más real para tí lo que te pasa por la cabeza? ¿No será posible que casi todo lo que pensamos se queda en eso, un pensamiento?

¿Tiene realidad un pensamiento? ¿Qué es un pensamiento? ¿Unas palabras en tu cabeza? ¿Y porqué un pensamiento, unas palabras en tu cabeza, tienen que determinar tu vida? ¿Porqué algo tan efímero como un pensamiento, que no tiene, que sepamos, representación en la materia, tiene que hacerte feliz o infeliz?

Porque es lo que somos. Somos pensamientos. Palabras en una cabeza, cargadas de emoción. Palabras en una cabeza, suficientes para iniciar una guerra, para arruinar una vida, para hacer invencible una civilización. Palabras.

Palabras. Veraces, ficticias. Palabras.

¿Cómo es posible que unas palabras determinen lo que somos, lo que hacemos? ¿Cómo? ¿No ve nadie la trampa, no ve nadie al ser que piensa, no ve nadie al observador, no ve nadie el engaño?

¿Nadie?





Creencias

5 05 2010

Un Sábado crees que tienes las cosas claras. Hasta que el Domingo ves que tus “cosas claras” son tan sólo un punto de vista, tu punto de vista.

El  Lunes crees que estás confuso. Y el Martes caes en la cuenta que eso le pasa le pasa a casi todo el mundo los Lunes.

El Miércoles crees que no puedes con todo, que has llegado a tu límite. Pero se te ocurre mirar atrás, te sorprendes de lo que ya has hecho, y te das cuenta de que los límites están sólo en tu cabeza.

El Jueves crees que tienes razón, que tus ideas son las correctas. El Viernes “realizas” que todo el mundo cree lo mismo.

El Sábado te acuerdas de lo que pensabas hace una semana. Y te ríes, porque ves que tus creencias Son una ilusión, y por un día te limitas a vivir el presente. Jopé lo que cuesta.

Ja!





El terror

24 02 2010

Raquel no sabía de símbolos. No sabía si eso era una esvástica, o el signo contrario, si la cruz gamada era tal cosa o si la estrella de David era algo más de dos triángulos cruzados. No sabía de ritos, ni de iniciaciones. Tampoco sabía nada de magia, ni de hechizos ni de trucos ni de nada paranormal.

Raquel sólo sabía que todas las noches esa cosa venía a verla. Se le aparecía en cuanto se dormía, y estaba con ella hasta que se despertaba. Luego, en la vigilia, no sabía si atribuir existencia real a eso, puesto que sólo lo veía en sueños, y sus recuerdos eran variables e inconsistentes, como cualquier otro sueño.

Pero el ente (no sabía si era él o ella) decía cosas. Decía cosas que muchas veces se perdían en las brumas de los recuerdos mañaneros, tan intensos pero tan breves, que en cuanto te quieres acordar de ellos ya se han ido. Decía cosas reales, más reales que su vida. Le escupía muchas noches verdades como puños, de esas que duelen, que nadie, ni Raquel misma, se atrevían a decir en voz alta. Le decía cosas horribles, y otras veces le guiñaba un ojo y se le aparecía con aspecto de un ángel, y se revolvía con su deseo en un lecho de hierba negra.

Y la asustaba.

Raquel estaba asustada. Mucho. Porque la cosa últimamente estaba descontrolada, frenética, diciendo barbaridades, amenazando con matar los pocos sueños aún sin romper que le quedaban. La cosa estaba furiosa. Furiosa porque Raquel no la dejaba pasar a la realidad. La cosa había estado camelándose a Raquel, engatusándola con palabras bonitas, pidiéndola entre susurros que le diera el tejido de vigilia que le faltaba para saltar del espacio hueco de sus sueños a la realidad, no más cierta que los sueños, pero con más sustancia.

Y no podía ya más. Al principio la cosa era amable, manipuladora, siempre agasajándola. Pero al ver que no la podía engañar, la cosa se volvió cada vez más agresiva y desagradable, de manera que dormir ya dejó de ser un descanso. De manera que Raquel se pasaba las noches en vela. De vez en cuando no soportaba la vigilia por más tiempo y caía rendida, y la cosa no tardaba en aparecer. Y era tal el miedo que en cuanto aparecía, Raquel se despertaba, aterrada.

Decidió acabar con ella. Esa noche se tomó una botella de vodka, para que el delirium fuera tal que no pudiera despertarse aunque quisiera. Y Raquel soñó. En cuanto cayó inconsciente por el vodka, la cosa apareció en su campo onírico. Estaba fuera de si. Adoptaba una tras otra terribles máscaras de Kali, sangraba por boca y ojos y no dejaba de insultarla. Dame vida, puta, dame vida.

Raquel sabía que tenía que hacer. Se rehizo y la miró directamente. La enfrentó, soportó sus insultos y sus rugidos, la desafió con los ojos, se aguantó las ganas de salir corriendo, tembló mientras se hacía la fuerte. Y la cosa al principio se envalentonó, se abalanzó sobre Raquel, dispuesta a devorarla, a destruirla. Pero al no ceder ni huir, la cosa se fue quedando callada, poco a poco. Se hizo más pequeña, más dudosa, reverberó brevemente en la luz mortecina del sueño, se hizo difusa, se fundió con lo circundante. Se deshizo, tan sólo jirones de pensamientos. Finalmente desapareció, dejando tan sólo una leve neblina en el campo de Morfeo. Murió.

Raquel se despertó al día siguiente, con resaca, pero limpia, clara, y con un poderoso pensamiento flotando tras sus ojos: enfrenta tus miedos y éstos no tendrán poder sobre ti. Enfrenta tus miedos y no volverás a verlos. Enfrenta tus miedos y serás libre.

Tus miedos se alimentan de tu temor. Tus miedos son parásitos que te quitan vida y valor. Tus miedos te harán crecer, pero sólo si los enfrentas. A por ellos.





Ser feliz

15 11 2009

Iba a soltar un rollo filosófico-meta-lógico-astrofísico sobre el tema de ser feliz. Pero creo que sobran rollos de esos y faltan risas. Así que os dejo un vídeo feliz. Si tienes un mal día, no lo puedes dejar escapar. Y si tienes un buen día, para que tengas un recuerdo útil cuando no lo tengas. A disfrutar.

http://www.youtube.com/watch?v=jedd2FiZTqM&feature=player_embedded





Matrix

25 08 2009

matrixEstoy escribiendo. Hago como que escribo. Pienso las siguientes palabras, que son transmitidas a la pantalla mediante los dedos, que, obedientes, siguen la voz del cerebro.

¿Acaso no somos sino eso? Pensamientos, ilusiones. Nuestra vida se compone de algo que no tiene materia. Nuestra vida se compone de pensamientos. Llenan nuestro tiempo, agotan nuestro espacio. Inundan hasta el más mínimo resquicio de vigilia. Nos gobiernan. Nos vigilan…

No hay gran hermano. No hay gran inquisidor de nuestros actos, no hay un ente super poderoso y super conocedor que nos sigue, paso tras paso, error tras error, acierto tras acierto. Solo hay paranoia.

La verdad, la terrible e inexpresable verdad, es que estamos solos. Solos con nuestros pensamientos, con esa cabecita que bulle y bulle sin cesar, todo el santo día. Solos con mil voces que nunca se callan, con mil debería hacer esto, si no hago esto madre la que se monta. Pero la cruda realidad es que la realidad, y perdónenme por la redundancia, sólo está compuesta de nuestros actos.

Da igual lo que pensaste, el Universo no es receptivo a buenas intenciones. Lo único que queda, que deja una estela al paso, lo único que causa un efecto son tus acciones.

Cuídate de bellos y nobles pensamientos. Cuídate de razones válidas para un santo. Si tus acciones no son acordes a tus pensamientos, tus pensamientos no valdrán nada, no servirán para nada. Nadie va a registrar jamás esos pensamientos que nunca se convirtieron en palabras. Ningún genio estará al tanto de tu último pensamiento noble y hermoso. Si tus  pensamientos no se convierten en acción, en pasión, en emoción, en movimiento, no causarán ningún efecto.

No hay magia. No hay truco que trueque los pensamientos en dinero. Lo único que posees es la decisión, la elección de que tus pensamientos se evadan de la estrecha carcel de tu mente.

Exprésate. Se tú mismo, no encontrarás mejor negocio. Arriésgate, experimenta el miedo, lo nuevo, lo desconocido, crece. No te dejes arrastrar por la corriente de tu pensamiento corriente. Eso es lo de todos los días. Eso es la rutina. Y en la rutina no hay crecimiento, salvo el cultivo de la paciencia. Y para el cultivo de eso siempre tendrás tiempo al final de la vida.

Causa. Efecto. Matrix. Dios. El día que te das cuenta, estás jodido. Al final, de todo lo que elucubramos, calculamos, razonamos, intuimos, no queda sino lo que se convirtió en decisión, lo que se convirtió en acción, aquí y ahora. No hay sino el presente. Pero nos gusta enredarnos en el qué fué y el que será, que no son sino imaginaciones del presente en un tiempo que no existe, el existió o el existirá. Mentira, todo mentira. Sólo tienes este segundo, este momento y lo que decidas hacer con él. El resto es apareciencia, es fachada, es perder el tiempo, es dárselas de metafísico en un mundo en el que la metafísica hace tiempo que huele a rancio. Sólo tienes el presente.

El día que lo comprendes, empieza la lucha. Entre el presente que es lo único que tienes y el pasado ficticio (porque siempre es una interpretación, nuestra interpretación) y el futuro engañoso (¿hay algo más engañoso que los propios deseos?). ¿Quien quiere adivinar el futuro? ¿Quien quiere saber el día que morirá?

Lo que tenga que ser, será. Lo que tenga que haber sido, habrá sido. Lo que es, es, y es lo único real. Y el que no lo vea todavía tiene mucho que caminar. Mucha suerte, amigos y amigas. Mucha suerte, desde la lucha del presente, en mi cabeza, en mi presente, en mis amigos y enemigos.








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